Quemarse es perder la motivación y la energía por acumulación de horas de estudio, fallos repetidos en simulacros o convocatorias sin aprobar. Es la antesala del burnout opositor: si no se atiende a tiempo, deriva en cuadro clínico completo.
Señales tempranas: procrastinación diaria, bajón de rendimiento en test que antes se dominaban, insomnio, pérdida de interés por lo que antes te motivaba, aislamiento social, comidas irregulares. Al principio se compensan con voluntad, pero la voluntad se agota.
Ejemplo real: tras 3 años opositando a Guardia Civil sin sacar plaza (2 convocatorias suspendidas por décimas), un opositor entra en fase de quemazón: sigue yendo al opozulo, pero solo mira apuntes sin retener. La preparación deja de rendir aunque las horas son las mismas.
Herramientas: días completos de descanso planificado (no improvisado), ejercicio físico, tiempo con no-opositores, revisar la estrategia con un preparador externo, considerar si toca cambiar de oposición o ampliar el objetivo (turnos de bolsa, plaza en otra CCAA).