Un simulacro es un examen de prueba con el mismo formato, número de preguntas y tiempo que el oficial. Se hace en condiciones lo más realistas posibles: sin apuntes, sin móvil, cronometrado, en horario similar al del examen real. Es la herramienta que más nota sube en las últimas semanas de preparación.
Un simulacro bien hecho aporta 4 cosas que ninguna otra técnica da:
- Ritmo: aprender a distribuir los minutos por pregunta.
- Gestión emocional: acostumbrarse a rendir bajo presión de reloj.
- Detección de flaquezas: los errores revelan qué temas no están bien.
- Confianza: aprobar simulacros por encima del corte reduce ansiedad el día del examen.
Ejemplo real: el mes anterior al test de Guardia Civil, un opositor bien preparado hace 3 simulacros semanales de 100 preguntas cronometrados a 90 minutos. Los corrige el mismo día, apunta cada fallo en su lista de errores y vuelve al temario específico de los temas fallados. Esa rutina, 4 semanas seguidas, sube 1-2 puntos la nota real del examen.
Consejo: no hacer simulacros hasta que el temario esté al menos al 70%. Antes solo generan frustración. A partir del 70%, uno por semana es el mínimo; 3-4 por semana en el último mes.